domingo, 3 de junio de 2012

Isaac (mártir)


San Isaac fue un monje y mártir español nacido en Córdoba, de padres nobles. Considerado uno de los 48 Mártires de Córdoba.
Educado en la religión católica, hizo grandes progresos en las ciencias humanas y divinas. Instruido en la lengua árabe en el manejo público, desempeñó el cargo de síndico general. Renunciando luego a todas las grandezas y prosperidades mundanas, se retiró a servir a Dios en el monasterio de Tabana, a dos leguas de Córdoba. A los tres años de estar en el convento, hubo una cruel persecución de cristianos en la que por sostener la fe católica fue colgado por los pies y quemado vivo el 3 de junio de 851. Se celebra su fiesta dicho día.



SAN ISAAC, MÁRTIR DE CÓRDOBA

Día 3 de junio


E
ntre los mártires que padecieron en Córdoba en tiempo del se­ñorío y persecución de los moros, señala San Eulogio, en primer lu­gar, á San Isaac, monje. Nació en Córdoba, por los años 824, de pa­dres de esclarecida nobleza. Procuraron éstos templar la comodidad y el regalo de la crianza con el freno de la corrección y de la santa amonestación y del buen ejemplo. Entreteníanle, igualmente, en ejercicios honestos, cultivando su ingenio con el estudio de ciencias y artes útiles en que florecía Córdoba en aquel siglo. Así fue que, con tan buenos ejemplos, dio en la juventud hermosos frutos de aquella vida sin mancha que llama ancianidad la Santa Escritura. Se dedicó al estudio de la lengua arábiga con el objeto de poder en­terarse de las necesidades de los desvalidos, y la aprendió con tal perfección, que llegó á ser síndico general; y, según lo llaman los árabes, almojarife, esto es, administrador ó tesorero de los cauda­les públicos, oficio de grande honra y confianza en la corte.

En medio de tan honroso destino, Isaac amaba la soledad y suspi­raba por la vida de los monjes, con la cual acallase el desasosiego de sus pasiones con la suavidad de la divina contemplación. Aca­baba por entonces el rico y piadoso mártir Jeremías, tío de nuestro Santo, de fundar el monasterio Tabarense ó de Tabana, á siete millas de Córdoba, en la parte más espesa y riscosa de Sierra Morena. Por el año 848 se retiró Isaac á este monasterio, dejando alegre y satisfecho las como­didades de su bri­llante posición, los placeres de una cor­te fastuosa, por la suave tranquilidad de una vida de oración y meditación. Días y noches ente­ras las pasaba en contemplar á Dios en bondad y en amor. No buscaba más dulzuras que las del espíritu; ma­ceraba y mortificaba su cuerpo con ásperas peniten­cias, y con el amor de Dios crecía en su ánimo el amor para con sus pró­jimos.

No podía comprender cómo hay cristianos que ofendan al que por ellos derramó su sangre. Dolíase también de la obstinación de los mahometanos, que, teniendo la luz ante sus ojos, amasen tanto las tinieblas. Sobre todo, lo que más le entristecía era la desvergüenza con que blasfemaban del Salvador, y la tiranía, escarnio y crueldad con que trataban á los fieles. Llamado, pues, de Dios á la corona del martirio, movido de impulso celestial, salió del monasterio, y se fue á Córdoba. Se presentó al juez, y con pretexto de aprender su ley le pidió le iniciase en ella, para tomar de sus palabras motivo de refutarlas. Empezó el juez muy alegre á satisfacer los deseos de Isaac; pero el santo mancebo exclamó indignado: ¿Cómo vosotros, que os preciáis de sabios, no tratáis de curaros de esa peste, aco­giéndoos á la salud que sólo se halla en la religión cristiana? Otras muchas razones alegó Isaac con varonil acento; pero el juez, furio­samente encolerizado, se levantó, y le dio en el rostro una fuerte bofetada. Recibió Isaac con mansedumbre este ataque, contestando que el Señor le pediría cuenta de haber herido un rostro hecho á su imagen. Sin duda debes estar loco, añadió el juez, pues olvidas que nuestras leyes castigan con la muerte al que se atreve á maldecir al Profeta. No, replico Isaac: sana y entera tengo mi razón; habla en mi el celo de la verdad y el deseo de que la conozcáis vosotros como yo. Si por eso me dais la muerte, dichoso yo, porque el Señor ha di­cho: bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. No pudiendo soportar el juez por más tiempo las sólidas razones de Isaac, le mandó encar­celar, dando al mismo tiempo cuenta á su soberano de todo lo que había pasado. Este, furioso, dio una orden mandándole degollar. Ejecutóse esta sentencia, con gozo de nuestro Santo, tal día como hoy, que era miércoles, en el año 851. Tenía entonces veintisiete años de edad. Colgaron su cuerpo de los pies en un palo á la otra parte del río, á vista de la ciudad. Seis días después le quemaron con los de otros mártires que á su ejemplo murieron por la fe.

El domingo siguiente, un sacerdote del monasterio de nuestro Santo vio en sueños que se dirigía hacia él un hermoso niño, y que le entregaba un blanco papel que en las manos traía, en el cual leyó estas palabras: Como nuestro padre Abraham ofreció á Dios su hijo Isaac en sacrificio, así ahora el santo mártir Isaac se ha ofrecido al Señor en sacrificio por sus hermanos.

SANTA CLOTILDE, REINA DE FRANCIA

F
ue hija de Chilperico, hermano menor de Gondebaldo, tirano rey de Borgoña, que le quitó la vida á él, á su mujer y á los demás hermanos, por usurpar la corona y sus dominios. En esta tragedia fueron perdonadas dos preciosas hijas de Chilperico, que entonces eran muy niñas. Una de ellas se hizo en adelante monja; la otra, llamada Clotilde, fue criada en la corte de su tío, y por una provi­dencia singular instruida en la religión católica, aunque educada entre arríanos. Estaba dotada del conjunto de las virtudes, y la reputación de su talento, hermosura, mansedumbre, modestia y pie­dad la hizo objeto de la adoración de los reinos circunvecinos; por lo que Clodoveo I, llamado el Grande, victorioso rey de los francos, la pidió y la obtuvo de su tío por esposa, otorgándola cuantas con­diciones desease para el libre y seguro ejercicio de su religión. So­lemnizaron las bodas en Soissons en el año de 493. Clotilde hizo para sí un pequeño oratorio dentro del real palacio, en que invertía mu­cho tiempo en santa oración y secretas mortificaciones. Su caridad para con los pobres parecía un mar inagotable. Honraba á su real esposo, procuraba suavizar su temperamento marcial con mansedumbre cristiana, se conformaba con su humor en las cosas indiferentes, y para granjearse más sus afectos hacía asuntos de sus dis­cursos y alabanzas aquellas cosas no pecaminosas que conocía que le deleitaban. Luego que se vio dueña de su corazón, no dilató un momento la obra de ganarle para Dios, y muchas veces principió á hablarle sobre la vanidad de los ídolos y sobre la excelencia de la verdadera religión. El Rey la oía siempre con gusto, pero no había llegado el momento de su conversión. Un día, con especialidad, en que este príncipe le había dado muchas seguras muestras de su afecto, y aumentándola su viudedad con la donación de algunos do­minios feudales, le dijo ella que sólo pedía á S. M. un favor, que era la libre licencia de discutir con él sobre la santidad de su propia re­ligión, y de traerle á la memoria la promesa que la había hecho de abandonar la idolatría. Pero el miedo de ofender á su pueblo le ha­bía hecho dilatar la ejecución. Su victoria milagrosa sobre los ale­manes, y su entera conversión en el año 496, fueron al fin efectos de las oraciones de nuestra Santa.

Habiendo Clotilde ganado para Dios á este gran monarca, no cesó un punto de excitarle á las gloriosas empresas en honor de Dios, y entre otras fundaciones religiosas erigió en París, á solicitud de ella, en el año 511, la iglesia mayor de San Pedro y San Pablo, llamada después de Santa Genoveva. Murió Clodoveo en 27 de Noviembre del año 511, el cuarenta y cinco de su edad y el treinta de su reina­do. Fue enterrado en la iglesia de San Pedro y San Pablo, donde aún permanece su tumba. Un antiguo y largo epitafio que en ella se puso, le conservó Aimonio y le ha copiado Rivot. Su hijo mayor Teodorico, á quien tuvo en una concubina antes de su matrimonio, reinó en Reims sobre el Austrasia, ó partes orientales de Francia, que comprendían lo que ahora es Campaña, Lorena, Auxerre y va­rias provincias de Alemania.

Cuanto á los tres hijos de Clotilde, Clodomiro reinó en Orleans, Childeberto en París y Clotario I en Soissons. Esta división produjo mu­chas guerras y disensiones, hasta que en el año 560 fue reunida toda la monarquía en Clotario, el menor de todos los hermanos. Santa Clo­tilde vivía cuando derrotó aquél á Clodomiro, y quitó la vida á Si­gismundo, rey de Borgoña; pero le vio poco después, en el año de 524, vencido y muerto por Childeberto y Clotario, y el reino de Bor­goña unido con el de Francia. La aflicción más sensible de esta pia­dosa reina, fue el asesinato de los dos hijos mayores de Clodomiro, cometido en el año de 526 por sus tíos mismos Childeberto y Clota­rio, que se apoderaron del reino de Orleans. Este trágico desastre contribuyó mucho para apartar de su corazón toda afición al mundo y sus traiciones. Gastó, pues, el resto de sus días en Tours, cerca de la tumba de San Martín, común pavimento de sus lágrimas, en ejercicios de oración, limosna, vigilias, ayunos y penitencias, olvi­dando en todo y por todo su calidad de reina, y la memoria de que sus hijos ocupaban el trono. La eternidad llenaba su corazón y empleaba todos sus pensamientos. La Santa predijo su muerte treinta días antes que sucediese, habiendo sido advertida de ella por Dios estando en oración en la tumba de San Martín, centro común de sus lágrimas. En su última enfermedad envió á llamar á sus dos hijos Childeberto, rey de París, y Clotario, de Soissons, y los exhortó del modo más patético á honrar á Dios y observar sus Mandamientos, á proteger al pobre, á reinar como padres sobre sus pueblos, vivir en unión y conformidad recíproca y amar y procurar conservar siem­pre la paz y tranquilidad de sus estados. A los treinta días de su enfermedad recibió los sacramentos, hizo la protestación pública de su fe, y partió para el Señor en el día 3 de Junio de 845. Fue sepultada por orden suya en la iglesia de Santa Genoveva, y el Señor ha glo­rificado su sepulcro con muchos portentos, siendo su nombre aún memorable por las magníficas donaciones con que promovió los establecimientos de beneficencia, las casas de religión y los asilos de piedad.

La Misa es del común de muchos mártires, y la oración la siguiente:

Concédenos ¡oh Dios omnipotente! que experimentemos benig­nos intercesores con Vos en nuestras necesidades á los que celebra­mos constantes en la confesión de tu Santo Nombre. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

La Epístola es del cap. 11 de la que escribió San Pablo a los hebreos.

Hermanos: Los santos por la fe vencieron los reinos, obraron justicia, alcanza­ron lo que se les había prometido, cerraron las bocas de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, convalecieron de su enferme­dad , se hicieron esforzados en la guerra, desbarataron los ejércitos de los extra­ños. Las madres recibieron resucitados á sus hijos que habían muerto. Unos fue­ron extendidos en potros, y despreciaron el rescate, para hallar mejor resurrec­ción. Otros padecieron vituperios y azotes, y además cadenas y cárceles; fueron apedreados, despedazados, tentados, pasados á cuchillo; anduvieron errantes, cu­biertos de pieles de ovejas y de cabras; necesitados, afligidos; hombres qué no los merecía el mundo, anduvieron errantes por los desiertos, las cuevas y cavernas de la tierra. Y todos éstos se hallaron probados por el testimonio de la fe en Cristo Jesús Nuestro Señor.
REFLEXIONES

Por la fe fueron los reinos conquistados por los santos, y por ella hicieron obras de justicia. No es de admirar que los santos obrasen tantas maravillas por medio de la fe; porque, á la verdad, ¿qué no podrá con la fe un hombre santo? El asombro es que no seamos nosotros santos profesando la misma fe y la misma doctrina, antes bien que seamos tan cobardes cuando se ofrece la ocasión. Todo lo puedo, decía el apóstol San Pablo, en virtud de aquel Señor que me confor­ta. (Ad Philip., 4.) Una fe viva es todopoderosa; obliga, por decirlo así, á que el Señor haga milagros. Cuanto más débil es el sujeto, más se ostenta su poder. A una viva fe y á una perfecta confianza nada sabe negar el Señor; pero es menester que esta fe sea pura, que sea humilde, que sea animada con las obras, y que sea verda­dera fe. Con esta fe cerraron los santos la boca á los leones, apaga­ron la actividad del fuego, embotaron los filos de la espada, salieron con más vigor de la misma enfermedad, se hicieron valerosos en la guerra, derrotaron ejércitos de enemigos forasteros; es decir, que no sólo domaron sus pasiones, no sólo se rieron de los suplicios, sino que se burlaron de todo el Infierno junto. La victoria vence al mun­do, dice el evangelista San Juan (1 Joan., 4); esto es, nuestra fe. Pero ¿será la fe de los cristianos de estos tiempos? ¿Serála nuestra? Mas ¿quién la despojó de su fuerza y de su virtud? ¿Quién debilitó su constancia y su valor? ¿Podremos decir que nuestra fe nos hace victoriosos del mundo, cuando somos siempre viles esclavos de sus máximas y de sus leyes; cuando somos víctimas de los respetos humanos; cuando estamos tan servilmente sujetos á sus modas y á sus caprichos?

El Evangelio es del cap. 11 de San Mateo.

En aquel tiempo respondió Jesús, y dijo: Glorificóte ¡oh Padre, Señor del Cielo y de la Tierra! porque has ocultado estas cosas á los sabios y prudentes, y las has revelado á los párvulos. Sí, Padre, porque ésta ha sido tu voluntad. Todo me lo ha entregado mi Padre. Y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce alguno sino el Hijo y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar. Venid á Mí todos los que trabajáis y estáis cargados, y yo os aliviaré. Llevad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí, que soy dulce y humilde de corazón, y hallaréis el des­canso de vuestras almas. Porque mi yugo es suave, y mi carga es ligera,

MEDITACIÓN

El yugo del Señor es suave, y su carga ligera.

Punto primero.—Considera que en esta vida no hay consuelo puro sino en el servicio de Dios; todo lo demás es tumulto, aturdi­miento, confusión y amargura. Todas las alegrías mundanas tienen su origen en alguna pasión; y, naciendo de tan desdichada fuente, no pueden dejar de acompañarlas la turbación, el temor, los sinsa­bores, el fastidio y la mudanza. Todas son superficiales; rara flor nace en este valle de lágrimas que no sea artificial; ríese algo, pero se llora mucho más; las cruces invisibles y las pesadumbres interio­res son la renta más activa y más segura de los dichosos del siglo.

A la verdad, ni el amo á quien se sirve, ni las leyes que prescri­be, imponen yugo más suave ni carga más ligera. No hay cosa más dura que la esclavitud con que se vive en el mundo; como reinan en él todas las pasiones, se le obedece como esclavos, y él manda como tirano. La emulación roe el alma; la ambición es su tormento; cuéntanse tantos enemigos como concurrentes, y tantos envidiosos como testigos. ¿Hubo nunca en el mundo amistad pura y sincera? El inte­rés es aquel grande y único resorte que pone en movimiento toda la máquina; el amor propio, el primer móvil que la agita; infiere de aquí si podrá haber tranquilidad y sosiego en el corazón de un hom­bre del mundo, mientras la paz inalterable y la alegría pura son la herencia de las almas justas.              

De la paz de la conciencia nace la del corazón; ésta es su madre, no tiene otra. Es verdad, no lo niego, que hay cruces en el camino de la virtud; pero el fruto que producen es de una exquisita dulzura.

Punto segundo.—Considera que no sólo según la fe, sino también según la razón natural, el yugo del Señor debe ser suave, y su car­ga muy ligera. Todas sus leyes tiran derechamente á cegar el ma­nantial de nuestros disgustos; todo el Evangelio es un admirable se­creto para endulzar los trabajos y aligerar las cruces de esta vida. No hay hombre más dichoso que el que vive sin pasiones. Solamen­te los verdaderos siervos de Dios, solamente los santos gozan de este privilegio; cuando no tengan del todo extinguidas sus pasiones, las tienen tan domadas, que ni hacen ruido, ni apenas les molestan, porque no están en términos de poder amotinarse.

¡Qué mayor gusto, qué mayor consuelo que cumplir cada uno con su obligación! El testimonio de la buena conciencia, dice el Sabio, es una continua fiesta. ¿Dónde hay mayor gozo que no hacer una cosa de que tenga después que arrepentirse? Porque, hablando en ri­gor, no son los bienes exteriores los que nos hacen felices; los cui­dados y las desazones trepan hasta el trono. Es menester que el áni­mo esté tranquilo y el corazón contento para gozar de una verdadera felicidad; de aquí nace que no hay que buscarla pura y verdade­ra en el mundo; resérvase toda para las almas fieles; sólo pueden disfrutarla los buenos. Ellos solos tienen paz dentro y fuera de sí mismos, mientras los pecadores viven inquietos y mueren desespe­rados.
Haced, Señor, que yo guste la suavidad de vuestro yugo, otor­gándome la gracia de que le lleve con alegría, guardando vuestra ley con fidelidad y exactitud. Sí, Dios mío, ámeos yo con generosi­dad y sin reserva, y entonces experimentaré qué cosa tan dulce es amaros.

JACULATORIAS

Sí, Señor, sois Dios manso, sois Dios suave, sois Dios lleno de misericordia para todos aquellos que confiadamente os invocan.— Ps. 85.

¡ Oh Señor, qué dulce, qué bueno, qué suave es vuestro divino es­píritu en todas las cosas!—Sap., 12.

PROPÓSITOS

1. A un enfermo, toda la comida le amarga, y á un convaleciente le parece enorme el peso más ligero. Desengañémonos; no esta la amargura en el yugo del Señor; toda consiste en la destemplanza de nuestro paladar, en el mal humor que se ha apoderado de él. Es ver­dad innegable que la Ley de Dios es dulce, y fáciles sus Mandamien­tos. ¿Quieres hacer la prueba? Pues guárdalos con fidelidad. Todo se puede con el auxilio de la divina gracia. Comienza desde hoy á dar el más exacto cumplimiento á todas tus obligaciones; oración, devociones, empleo, obligaciones particulares del estado, y genera­les de cristiano, atenciones y deberes que pide la caridad y la buena crianza; cúmplelo todo con cuidado, y todo por un fin, por un mo­tivo santo de religión; cumple toda justicia, y no se pasará el día sin que experimentes aquella dulzura que Jesucristo nos promete.

2. Imponte como ley hablar siempre con grande estimación de la virtud; jamás la tomes en boca sino para alabarla; pero, sobre todo, guárdate mucho de exagerar nunca las imaginarias dificulta­des que se hallan en su ejercicio. Nada la desacredita tanto, nin­guna cosa la agravia más que las injustas quejas y los injuriosos suspiros de los cristianos tibios y flojos, achacosos y enfermos por la ma­yor parte. Nunca digas, pues, que cuesta mucho el ser santo; que para subir al Cielo es necesario trepar; que los Mandamientos de la Ley de Dios son dificultosos, etc. Todas esas proposiciones sólo sir­ven para turbar y para intimidar al hombre carnal, que no com­prende los maravillosos secretos de la vida espiritual, ni la fuerza, virtud y el poder de la divina gracia. Si tú no sabes la dulzura de esa vida, si no entiendes la felicidad que acompaña á la observancia de la Ley de Dios, reconoce que es por tu indisposición y por tu culpa. Sus términos parecen ásperos, pero es muy dulce su significado. Está, en fin, bien persuadido y enteramente convencido de esta ver­dad, que es de fe, y, por consiguiente, inalterable: El yugo del Se­ñor es suave, y su carga ligera.

Isaac de Córdova, Santo
Monje y Mártir, 3 de junio
 
Isaac de Córdova, Santo
Isaac de Córdova, Santo

Monje y Mártir

Martirologio Romano: En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Isaac, mártir, que, siendo monje, en tiempo de la dominación musulmana, llevado por un impulso no humano sino divino, salió del monasterio de Tábanos para presentarse ante el juez sarraceno y hablarle acerca de la verdadera religión, razón por la cual fue decapitado. ( 851)
En la ciudad los moros están cansados de matar; los cristianos que conviven allí están cansados también de aguantar insolencias y de sufrir humillaciones con peligro. Bastantes han preferido la salida y se han instalado en los alrededores, ocupando las cuevas de la montaña donde viven como ermitaños. Son más de los que se esperaba; casi se puede decir que han formado un cinturón cercando la ciudad de los emires. Con frecuencia reciben la visita de Eulogio que les conforta con la palabra clara, fuerte y enérgica que deja en sus almas regustos de mayor entrega a Dios, mezclada con deseos de fidelidad a la fe cristiana y a los derechos de la patria.

Gran parte de ellos avivan en el alma deseos sinceros de perfección. Pasan el día y la noche repitiendo las costumbres ascéticas de los antiguos anacoretas entre la meditación y la alabanza. Las numerosas ermitas de la montaña forman un gran monasterio que sigue la Regla de los antiguos y pasados reformadores visigóticos Leandro, Isidoro, Fructuoso y Valerio quienes muy probablemente recopilaron, adaptándolas, las primeras reglas cenobíticas de los orientales recogidas por Pacomio, Casiano, Agustín y Benito. El más importante es el Tabanense.

Estalló la tormenta con el martirio del sacerdote cordobés Perfecto que fue arrastrado al tribunal, condenado y degollado.

Hay revuelo en la ciudad y protesta e indignación en el campo. Ha nacido un sentimiento por mucho tiempo tapado; muchos, llenos de ánimo, se lanzan en público a maldecir al Profeta y se muestran deseosos de morir por la justicia y la verdad. El mismo Eulogio pretendió serenar los ánimos, pero de todos modos sostiene que «nadie puede detener a aquellos que van al martirio inspirados por el Espíritu Santo».

Isaac es un joven sacerdote de Tábanos, hijo de familia ilustre cordobesa; de buena educación, conocedor excelente del árabe, hábil en los negocios, servidor en la administración de Abderramán y de sus rentas. Pero amargado en la casa de su amo por la insolencia de los dominantes, por su prepotencia altanera, o quizá por escrúpulos de conciencia, decidió irse y entrar en Tábanos donde le trató Eulogio. Ahora, indignado por la persecución de los musulmanes, toma la decisión de presentarse al cadí con la intención de ridiculizar la injusticia y acabar en el martirio.

Simula querer tener razones para aceptar la religión del Profeta y las pide con ironía y sarcasmo al juez que cae en la trampa. Tan de plano rechaza ante el público reunido la mentira del Profeta, la bajeza de la vida del mahometano y la falsía de la felicidad prometida que, resaltando la verdad del Crucificado, la dignidad que pide a sus fieles y la verdad del único Cielo prometido, que, fuera de sí el improvisado y timado maestro, abofetea a Isaac, contra la ley y la usanza.

La crónica del suceso narrada por Eulogio coincide con la versión árabe relatada en las Historias de los jueces de Córdoba, de Alioxaní, por la que sabemos hasta el nombre del cadí, Said-ben Soleiman el Gafaquí, que le juzgó. Abderramán II mandó aplicar el rigor de la ley a su antiguo servidor; y para que los cristianos no pudieran hacer de su cadáver un estandarte dándole veneración, lo mantuvo dos días en la horca, lo hizo quemar y desparramar después sus cenizas por el río Guadalquivir. Fue martirizado el 3 de juno de 851.

Dos días más tarde, el mártir es Sancho, un joven admirador de Eulogio, nacido cerca del Pirineo, que era un esclavo de la guardia del sultán; a éste, por ser culpado de alta traición además de impío, lo tendieron en el suelo, le metieron por su cuerpo una larga estaca, lo levantaron en el aire y así murió tras una larga agonía; esa era la muerte de los empalados.

Seis hombres que vestían con cogulla monacal se presentaron el domingo, día 7, ante el juez musulmán, diciéndole: «Nosotros repetimos lo mismo que nuestros hermanos Isaac y Sancho; mucho nos pesa de vuestra ignorancia, pero debemos deciros que sois unos ilusos, que vivís miserablemente embaucados por un hombre malvado y perverso. Dicta sentencia, imagina tormentos, echa mano de todos tus verdugos para vengar a tu profeta». Eran Pedro, un joven sacerdote y Walabonso, diácono, nacido en Niebla, ambos del monasterio de Santa María de Cuteclara; otros dos, Sabiniano y Wistremundo, pertenecían al monasterio de Armelata; Jeremías era un anciano cordobés que había sido rico en sus buenos tiempos, pero había sabido adaptar su cuerpo a los rigores de la penitencia en el monasterio de Tábanos que ayudó a construir con su fortuna personal y ya sólo le quedaba esperar el Cielo y, otro tabanense más, Habencio, murieron decapitados.

En unos días, ocho hombres fueron mártires de Cristo.
 

San Isaac, monje mártir
fecha: 3 de junio
n.: c. 825 - †: 851 - país: España
canonización: pre-congregación
En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Isaac, mártir, que, siendo monje, en tiempo de la dominación musulmana, llevado por un impulso no humano sino divino, salió del monasterio de Tábanos para presentarse ante el juez sarraceno y hablarle acerca de la verdadera religión, razón por la cual fue decapitado.
refieren a este santo: Beato Sancho
En los antiguos martirologios españoles se ha dado un sitio prominente, entre los mártires de Córdoba, a san Isaac, un hombre que, a pesar de haber sido siempre un cristiano devoto, llegó a conocer tan a fondo la lengua y las costumbres de los árabes, que obtuvo un nombramiento como notario, bajo el gobierno de los moros. No ocupó el puesto largo tiempo, ya que lo abandonó para refugiarse en un monasterio donde vivió algunos años con su pariente, el abad Martín. Después sintió el deseo de regresar a la ciudad de Córdoba, con el propósito de retar a una discusión sobre religión, al jefe de los magistrados árabes. El reto fue aceptado, pero, en el curso del debate, un panegírico sobre Mahoma provocó la indignación de Isaac, quien comenzó a proferir improperios contra el falso profeta. Sus interlocutores, enfurecidos por los ultrajes, se precipitaron sobre Isaac y le detuvieron. Fue juzgado, torturado y condenado a muerte. Después de su ejecución, fue empalado, y los palos que le atravesaban el cuerpo fueron encajados en la tierra, sobre una altura a orillas del Guadalquivir, para exhibir el cadáver en una posición grotesca y siniestra.
Casi todo lo que sabemos sobre San Isaac, proviene del «Memoriale Sanctorum» de san Eulogio, quien fue conciudadano y contemporáneo del santo. Los bolandistas en el Acta Sanctorum, junio, vol. I, extrajeron todo lo que San Eulogio había registrado en relación con el mártir. Véase también a Sánchez de Feria en «Santos de Córdoba», vol. V, pp. 1-24; cf. F. Simonet, «Historia de los Mozárabes de España»; J. Pérez de Urbel, «San Eulogio de Córdoba» (1928).




SAN ISAAC MÁRTIR MOZÁRABE 

OREMOS


Dios todopoderoso y eterno, que diste a los santos mártires Isaac y compañeros la valentía de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO

Espíritus sublimes,¡ Oh mártires gloriosos!,felices moradores
de la inmortal Sión,rogad por los que luchan en las batallas recias,
que alcancen la victoria y eterno galardón.  
¡ Oh mártires gloriosos  de rojas vestiduras,  que brillan con eternos
fulgores ante Dios!Con vuestro riego crezca  De Cristo la semilla,
Y el campo de las mieses   Se cubra ya en sazón.  Amén    

IMPORTANTE
Se llaman mozárabes los cristianos que vivieron en tierra de musulmanes en España
(711-1492) manteniendo su fe. En general, se puede decir que llevaron una vida muy difícil, y los que aquí enumeramos pagaron su fidelidad a Cristo con el martirio. También hoy son un modelo para el que quiera vivir al Evangelio fielmente.
El elenco de los santos mozárabes, que recoge el "Martyrologium Romanum" (Roma 2001), está compuesto en su mayoría por mártires, y por unos pocos confesores. Tenemos relatos de los martirios de la mayoría de ellos, escritos por contemporáneos, que los conocieron personalmente, y, que incluso compartieron la cárcel con ellos, y, posteriormente, padecieron el martirio
2.

Espíritus sublimes,¡ Oh mártires gloriosos!,felices moradores
de la inmortal Sión,rogad por los que luchan en las batallas recias,
que alcancen la victoria y eterno galardón.  
¡ Oh mártires gloriosos  de rojas vestiduras,  que brillan con eternos
fulgores ante Dios!Con vuestro riego crezca  De Cristo la semilla,
Y el campo de las mieses   Se cubra ya en sazón.  Amén    


Mártires de Córdoba


Arca con las reliquias de los mártires en la Basílica de San Pedro, en Córdoba.
Los Mártires de Córdoba es como se conoce a un grupo de cristianos mozárabes condenados a muerte por su fe bajo los reinados de Abderramán II y Mohamed I en el Emirato de Córdoba.
Estos martirios se conocen gracias a una única fuente, la hagiografía de Eulogio de Córdoba el cual registró la ejecución de cuarenta y ocho cristianos que desafiaron la ley islámica. En su mayoría hicieron declaraciones públicas de rechazo del islam y proclamación de su cristianismo.

Antecedentes históricos

Tras la invasión musulmana de la Península Ibérica en el año 711 y la expulsión de la dinastía Omeya de Damasco en 750, estos se establecieron en al-Ándalus creando el emirato independiente de Córdoba.
Los cristianos de las zonas conquistadas se convirtieron en dhimmis o protegidos, término que engloba a judíos y cristianos, los cuales, de acuerdo con el Corán, son considerados gente del Libro y por basar su fe en la Torá o la Biblia, escritos considerados igualmente sagrados por el islam, merecen protección y respeto por parte de los musulmanes, a diferencia de otros pueblos paganos. Estos dhimmis estaban sujetos a una serie de leyes que les obligaba a pagar un impuesto especial, la yizia y se les permitía practicar su fe siempre que no hicieran apología o dañaran al islam en modo alguno. De este modo los insultos a la fe islámica se consideraban blasfemias y estaban penados con la muerte. También se considera (y se sigue considerando) blasfemia la apostasía de la fe islámica. Esto incluía a los hijos de matrimonios mixtos que según la ley islámica se consideran automáticamente musulmanes.
Muchos cristianos mozárabes veían con preocupación como la población se iba islamizando progresivamente debido a la presión ejercida por estas medidas. Algunos religiosos cristianos veían con buenos ojos la tolerancia musulmana, notablemente Recafredo, el obispo de Córdoba, el cual se puso del lado de las autoridades musulmanas considerando a los mártires fanáticos y a instancias del califa convocó un concilio en Córdoba en 852 en el que se desautorizó la búsqueda voluntaria del martirio. Sin embargo muchos cristianos creían que algo se debía hacer al respecto ante la pasividad de la Iglesia y el martirio era una forma de llamar la atención y servir de ejemplo al resto de los fieles.

Los martirios

Las ejecuciones están recogidas en una única fuente escrita por San Eulogio, que fue uno de los dos últimos ejecutados en morir. En Oviedo se conservó un manuscrito de su Documentum martyriale tres libros del Memoriale sanctorum y el Liber apologeticus martyrum, que son los únicos escritos conservados de este santo, cuyos restos fueron trasladados a la capital asturiana en 884.
Se recogen 48 ejecuciones entre 850 y 859, de cristianos, 38 hombres y 10 mujeres. Veintidós eran naturales de Córdoba capital, 4 de la provincia, 6 de la diócesis de Sevilla, 3 de la de Granada y uno de los siguientes lugares: Martos, Badajoz, Toledo, Alcalá de Henares, Portugal, Palestina y Siria, de uno se debate el lugar de origen (Álava o Septimania) y no consta el origen de cuatro de ellos. Tres tienen nombres griegos, posiblemente relacionados con la provincia de Spania, el asentamiento que el Imperio bizantino había realizado en el sudeste peninsular durante el reinado de Agila I. Treinta y cinco eran clérigos de distinto tipo, sobre todo monjes pero también diáconos y sacerdotes, el resto eran seglares salvo de Salomón, del que se ignora su condición. Todos salvo dos habitaban en Córdoba o en monasterios de la sierra cercana a la ciudad como monjes o en zonas próximas como eremitas. Cuatro eran conversos que provenían de familias completamente musulmanas, cinco de matrimonios mixtos y tres eran antiguos cristianos convertidos al islam que habían vuelto al seno de la Iglesia. Todos salvo Sancho y Argimiro fueron decapitados.

Los mártires

Abundio

Fue párroco en la aldea de Ananelos (seguramente el actual Hornachuelos) y fue arrestado por difamar a Mahoma. A diferencia de los demás mártires no se sometió al martirio voluntariamente sino que fue delatado. Fue decapitado y su cuerpo arrojado a los perros en 851.

Adolfo y Juan

Dos hermanos hijos de un matrimonio mixto de musulmán y cristiana. Su pública declaración de la fe cristiana les convirtió en apóstatas ante la ley islámica. Murieron en 822.

Amador, Pedro y Ludovico

Amador era un sacerdote de Martos. Junto con un monje llamado Pedro y un laico llamado Ludovico, hermano de Pablo, martirizado con anterioridad, fueron ejecutados por blasfemia en 855.

Anastasio, Félix y Digna

Anastasio era diácono de la iglesia de San Acisclo en Córdoba y se convirtió en monje en el monasterio de Tábanos. Félix era de Alcalá de Henares, de origen bereber, y se ordenó monje en Asturias pero se desplazó a Tábanos buscando el martirio. Digna era monja también allí. Fueron ejecutados en 853.

Argimiro

Era un noble de Cabra y fue censor del emir Mohamed I. Tras perder su cargo por su fe cristiana se hizo monje. Se le acusó de haber insultado al profeta Mahoma y haber proclamado públicamente la divinidad de Jesús. Se le ofreció la posibilad de retractarse y abrazar el islam, lo que rechazó, siendo ejecutado en 856.

Áurea

Hija de padres musulmanes cordobeses se convirtió al cristianismo tras enviudar y se hizo monja en Cuteclara donde permaneció más de 20 años. Parientes musulmanes la descubrieron y denunciaron. Bajo presión renunció al cristianismo, aunque lamentó esta renuncia y siguió practicando su fe. Tras descubrirse esto fue llevada a juicio por segunda vez, negándose a retractarse en esta ocasión. Murió en 856.

Benilde

Inspirada por el gesto de Anastasio eligió el martirio al día siguiente de la muerte de éste. Fue ejecutada y quemada y sus cenizas arrojadas al Guadalquivir en 853.

Columba

Santa Columba o Coloma era monja en el monasterio de Tábanos cuando este fue clausurado en 852. Difamó a Mahoma y fue decapitada al año siguiente.

Elías, Pablo e Isidoro

Elías fue sacerdote en Córdoba. Fue ejecutado junto con los monjes Pablo e Isidoro, discípulos suyos en 856.

Emilas y Jeremías

Emilas o Emilio, diácono y Jeremías fueron decapitados en 852.

Eulogio

Sacerdote en Córdoba célebre por su valor y erudición fue el principal impulsor de los martirios y escribió las narraciones por las que se conocen. Fue ejecutado por esconder a Leocricia (posteriormente Santa Leocricia), una joven musulmana convertida al cristianismo que solicitó su protección. Se le condenó por este hecho y por su activo proselitismo e incitación al martirio en 859.

Fandilas

Sacerdote y abad de Peñamelaria. Fue decapitado en 853

Flora y María

Hijas de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes. Se encontraron en la iglesia de San Acisclo cuando Flora rezaba para soportar el martirio. Decidieron entregarse juntas. María fue condenada por blasfemia tras condenar a Mahoma ante el tribunal, y Flora por apostasía en 851.

Jorge, Aurelio y Natalia, Félix y Liliosa

Aurelio y su primo Félix, junto con sus mujeres Natalia y Liliosa eran cristianos hijos de matrimonios mixtos. El diácono Jorge era un monje palestino que fue arrestado con las parejas. Se les concedió un plazo de cuatro días para retractarse de sus creencias cristianas. A Jorge se le concedió el perdón por ser extranjero pero denunció el islam siendo condenado junto a los matrimonios en 852.

Gumersindo y Servuodeo

Gumersindo era párroco y Servodeo o Servusdei monje. Fueron ejecutados en 852.

Isaac

Miembro de una próspera familia cordobesa y muy culto hablaba con soltura el árabe, lo que le valió para llegar a ocupar el cargo de kâtib adh-dhimam o gran secretario del califa, lo que San Eulogio llamó exceptor rei publicae. Renunció para hacerse monje en el monasterio de Tábanos. En un debate público en 851 denunció a Mahoma convirtiéndose así en el primero de los martirizados.

Laura

Cordobesa que tras enviudar se hizo monja en Cuteclara. Condenada por apostasía fue arrojada a un caldero de plomo fundido en 864.

Leocricia

Fue la joven ocultada por San Eulogio. Fue condenada por apostasía en 859.

Leovigildo y Cristóforo

Leovigildo era monje en Córdoba y Cristóforo era monje en el monasterio de San Martín de la Rojana. Fueron ejecutados en 852.

Nunilo y Alodia

Dos hermanas hijas de un matrimonio de musulmán con cristiana de Adahuesca, en Huesca. Tras morir su padre su madre se volvió a casar con un musulmán que no admitió que sus hijas continuaran siendo cristianas. Fueron decapitadas en Huesca en 851.

Pablo de San Zoilo

Diácono de Córdoba que pertenecía al monasterio de San Zoilo. Era muy vigoroso en sus prédicas a los cristianos encarcelados. Fue decapitado en 851.

Pedro, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habencio y Jeremías

Pedro era sacerdote, Walabonso Diácono, Sabiniano y Wistremundo monjes del monasterio de San Zoilo, Habencio era monje de San Cristóbal y Jeremías, muy anciano, fue el fundador del monasterio de Tábanos. Fueron ejecutados en 851 por difamar a Mahoma. Jeremías fue azotado hasta la muerte y los demás decapitados.

Perfecto

Sacerdote cordobés que fue ejecutado por difamar al islam y a Mahoma en 850.

Pomposa

Monja de San Salvador de Peñamelaria. Fue decapitada en 835

Pomposa

Otra monja del monasterio de Peñamelaria. Escapó del cautiverio a que estaba sometida y se presentó voluntariamente ante el tribunal de justicia pese a las protestas de sus compañeras monjas.

Rodrigo y Salomón

San Rodrigo en un cuadro obra de Murillo.
Rodrigo era un sacerdote de Cabra que fue denunciado por su hermano musulmán que lo acusó falsamente de haberse convertido al islam y haberse retractado posteriormente, convirtiéndose así en apóstata. Conoció a Salomón en prisión. Fueron ejecutados en 857.

Rogelio y Servodeo

Un monje y su joven discípulo que difamaron el islam dentro de una mezquita. Fueron los primeros mártires ejecuados bajo Mohamed I en 852

Sancho

De niño, fue capturado por los musulmanes en una población de ubicación debatida (Albensi oppido Galiae Commatae) y llevado a Córdoba. Se le educó en la corte y se unió a la guardia del emir. Fue empalado por negarse a convertirse al islam.

Sandila

Sandila o Sandulfo fue ejecutado en 855.

Sisenando

Nacido en Beja (Portugal), se convirtió en diácono de la iglesia de San Acisclo de Córdoba. Fue decapitado en 851.

Teodomiro

Monje ejecutado en 851.

Witesindo

Era un laico de Cabra que se había convertido al islam pero se retractó. Fue ejecutado por apostasía en 855.

Veneración

Los restos de los santos corrieron distinta suerte y si bien algunos no pudieron ser recuperados debido principalmente a la quema de los cadáveres, de los 48 se recogieron las reliquias de unos 28. Estas fueron depositadas en un monasterio cordobés y tras su clausura en la Iglesia de San Pedro donde se depositaron conjuntamente en un arca de plata hasta la actualidad. Los restos de San Eulogio fueron trasladados a la catedral de Oviedo.

 COMÚN DE MÁRTIRES
PARA VARIOS MÁRTIRES
I Vísperas
HIMNO, como en las II Vísperas, p. 67.
SALMODIA
Ant. 1. Muchos tormentos sufrieron los santos antes de alcanzar la palma del
martirio. (T.P. Aleluya.)
Salmo 117,1-18
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
56
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant. Muchos tormentos sufrieron los santos antes de alcanzar la palma del
martirio. (T.P. Aleluya.)
Ant. 2. Los santos han llegado al reino con la palma del martirio, y de la mano
de Dios han recibido una corona de gloria. (T.P. Aleluya.)
Salmo 117,19-29
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
—Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
—Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
57
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
—Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
—Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Ant. Los santos han llegado al reino con la palma del martirio, y de la mano de
Dios han recibido una corona de gloria. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Los mártires murieron por Cristo, pero ahora viven eternamente. (T.P.
Aleluya.)
Cántico: Cf. 1P 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca;
cuando lo insultaban,
no devolvía el insulto;
en su pasión no profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga justamente.
Cargado con nuestros pecados, subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas nos han curado.
58
Ant. 3. Los mártires murieron por Cristo, pero ahora viven eternamente. (T.P.
Aleluya.)
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?,
¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? En
todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy
convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente,
ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá
apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
(Rm 8,35.37-39)
RESPONSORIO BREVE
R/. La vida de los santos está * En manos de Dios. La vida.
V/. Y no los tocará el tormento. * En manos de Dios. Gloria al Padre. La vida.
Magníficat, ant.: El reino de los cielos pertenece a aquellos que, venciendo al
mundo, lavaron sus vestidos en la sangre del Cordero y alcanzaron los premios
eternos.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
59
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los mártires N. y N. la
gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como
ellos no dudaron en morir por ti, así también nosotros nos mantengamos
fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Que la oración de tus mártires N. y N. nos valga, Señor, en tu presencia,
y nos dé la fortaleza necesaria para confesar con firmeza tu verdad. Por
nuestro Señor Jesucristo.
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires
santas N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron
vencedoras en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
***
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Por haber seguido el ejemplo de mi paciencia, yo te preservaré en la hora
de prueba que va a llegar para el mundo entero, y que pondrá a prueba a los
habitantes de la tierra. Llego en seguida; mantén lo que tienes, para que nadie
te quite tu corona. Al que salga vencedor lo haré columna del santuario de mi
Dios, y ya no saldrá nunca de él; grabaré en él el nombre de mi Dios, el
nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo de junto
a mi Dios, y mi nombre nuevo. (Ap 3,10-12)
60
RESPONSORIO BREVE
R/. Santos y justos, alegraos en el Señor. * Aleluya, aleluya. Santos y justos.
V/. Dios se os escogió como heredad. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre.
Santos y justos.
Magníficat, ant.: Una luz perpetua brillará para tus santos, Señor, y vivirán
para siempre. Aleluya.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y fortaleza en la
debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los santos N. y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
61
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la fiesta de tus
mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires santas
N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron vencedoras
en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
Invitatorio
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. (T.P. Aleluya.)
Laudes
HIMNO
I
Éstos que van vestidos
de blancas vestiduras,
¿quiénes son, y de dónde han venido?
Todos éstos que ciñen llameantes laureles
han venido del fondo de la tribulación.
Todos éstos lavaron sus vestidos de boda
en los ríos de sangre del Cordero de Dios.
Éstos que van vestidos
de blancas vestiduras,
¿quiénes son, y de dónde han venido?
Son las gentes con hambre que jamás tendrán hambre,
los sedientos que nunca sentirán ya la sed.
Los abreva el Cordero con el agua de vida;
los asume en su muerte; resucitan con él.
Éstos que van vestidos
de blancas vestiduras,
¿quiénes son, y de dónde han venido?
62
Han venido del llanto para ser consolados;
han salido del fuego y han buscado el frescor.
El Señor les enjuga con sus manos las lágrimas,
con sus manos les guarda contra el fuego del sol.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Por los siglos. Amén.
II
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires santos.
Rosales en flor,
de Cristo el olor,
mártires santos.
Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires santos.
Corona inmortal
de Cristo total,
mártires santos. Amén.
Ant. 1. En medio de sus tormentos, los mártires de Cristo contemplaban la
gloria del reino y decían: «Ayúdanos, Señor.» (T.P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Tiempo de Cuaresma: Ant. 2. Mártires del Señor, bendecid al Señor por los
siglos.
Fuera del tiempo de Cuaresma: Ant. 2. Almas y espíritus justos, cantad un
himno a Dios. Aleluya.
Ant. 3. Mártires del Señor, alabad al Señor en el cielo. (T.P. Aleluya.)
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordia y Dios de consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el
punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo
con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo
rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.
(2Co 1,3-5)
63
RESPONSORIO BREVE
R/. Los justos * Viven eternamente. Los justos.
V/. Reciben de Dios su recompensa. * Viven eternamente. Gloria al Padre. Los
justos.
Benedictus, ant.: Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, pues de
ellos es el reino de los cielos.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al
recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de
Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida
como testimonio de la fe,
—concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar
su sangre,
— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus
pasos,
— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre
del Cordero,
— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los mártires N. y N. la
gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como
ellos no dudaron en morir por ti, así también nosotros nos mantengamos
fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Que la oración de tus mártires N. y N. nos valga, Señor, en tu presencia,
y nos dé la fortaleza necesaria para confesar con firmeza tu verdad. Por
nuestro Señor Jesucristo.
64
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires
santas N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron
vencedoras en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
***
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y
sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence
al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de
Dios? (1Jn 5,3-5)
RESPONSORIO BREVE
R/. La alegría eterna coronará a los santos. * Aleluya, aleluya. La alegría.
V/. Vivirán en el gozo y en la exultación. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. La
alegría.
Benedictus, ant.: Estad alegres y contentos, santos de Dios, porque vuestra
recompensa es grande en el cielo. Aleluya.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al
recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de
Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida
como testimonio de la fe,
—concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
65
Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar
su sangre,
— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus
pasos,
— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre
del Cordero,
— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y fortaleza en la
debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los santos N. y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la fiesta de tus
mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires santas
N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron vencedoras
en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
66
Hora intermedia
Tercia
Ant. El Señor les dio la victoria en la dura batalla, para que supieran que la
sabiduría es más fuerte que nada. (T.P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado
en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá.
Suyo es el poder por los siglos. Amén. (1P 5,10-11)
Tiempo pascual:
No temas nada de lo que vas a sufrir, porque el diablo va a meter a
algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba; tus apuros durarán
diez días. Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida. (Ap 2,10)
V/. Los santos que esperan en el Señor. (T.P. Aleluya.)
R/. Serán fuertes y no fallarán. (T.P. Aleluya.)
Sexta
Ant. El Señor los coronó con una diadema de justicia y les dio un nombre de
gloria. (T.P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Los santos, por medio de la fe en Cristo, nuestro Señor, subyugaron
reinos, practicaron la justicia, obtuvieron promesas. (Cf. Hb 11,33)
Tiempo pascual:
Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que
yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. (Ap 3,21)
V/. Vuestra tristeza. (T.P. Aleluya.)
R/. Se convertirá en alegría. (T.P. Aleluya.)
Nona
Ant. Al ir, iban llorando, llevando la semilla. (T.P. Aleluya.)
67
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz.
(Sb 3,1-2a.3b)
Tiempo pascual:
Con alegría y regocijo, demos gloria a Dios, porque han llegado las bodas
del Cordero. Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.
(Ap 19,7.9)
V/. Al volver, vuelven cantando. (T.P. Aleluya.)
R/. Trayendo sus gavillas. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.
II Vísperas
HIMNO
I
Espíritus sublimes, ¡oh mártires gloriosos!,
felices moradores de la inmortal Sión,
rogad por los que luchan en las batallas recias,
que alcancen la victoria y eterno galardón.
¡Oh mártires gloriosos de rojas vestiduras,
que brillan con eternos fulgores ante Dios!
Con vuestro riego crezca de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses se cubra ya en sazón. Amén.
II
Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales de Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.
Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cireneos, camino del Calvario
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
llevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.
68
Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
y la luz del sol tiñe de rojo el alto cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidos.
Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos la milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz; y su fama vive por
generaciones. (T.P. Aleluya.)
Salmo 114,1-9
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.
Ant. Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz; y su fama vive por
generaciones. (T.P. Aleluya.)
Ant. 2. Vi las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del
testimonio que mantuvieron. (T.P. Aleluya.)
69
Salmo 115,10-19
Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. Vi las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del
testimonio que mantuvieron. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Éstos son aquellos santos que entregaron sus cuerpos para ser fieles a
la alianza de Dios y han lavado sus mantos en la sangre del Cordero. (T.P.
Aleluya.)
Cántico Ap 4,11;5,9.10.12
Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.
70
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.
Ant. Éstos son aquellos santos que entregaron sus cuerpos para ser fieles a la
alianza de Dios y han lavado sus mantos en la sangre del Cordero. (T.P.
Aleluya.)
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de
Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os
ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, por que el Espíritu de la
gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. (1P 4, 13-14)
RESPONSORIO BREVE
R/. Alegraos, justos, * Y gozad con el Señor. Alegraos.
V/. Aclamadlo, los de corazón sincero. * Y gozad con el Señor. Gloria al Padre.
Alegraos.
Magníficat, ant.: Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de
Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor
eternamente.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
71
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los mártires N. y N. la
gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como
ellos no dudaron en morir por ti, así también nosotros nos mantengamos
fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Que la oración de tus mártires N. y N. nos valga, Señor, en tu presencia,
y nos dé la fortaleza necesaria para confesar con firmeza tu verdad. Por
nuestro Señor Jesucristo.
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires
santas N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron
vencedoras en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
***
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado
sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios,
dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará
entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el
bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los
conducirá hacia las fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de
sus ojos. (Ap 7,14-17)
72
RESPONSORIO BREVE
R/. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. * Aleluya, aleluya.
Resplandecerán.
V/. Y se alegrarán los rectos de corazón. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre.
Resplandecerán.
Magníficat, ant.: Alegraos, santos, ante el trono del Cordero; heredad el reino
preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y fortaleza en la
debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los santos N. y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
73
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la fiesta de tus
mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Para las vírgenes mártires:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de las
santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido
iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Para santas mujeres mártires:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires santas
N. y N. nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron vencedoras
en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
PARA UN MÁRTIR
I Vísperas
HIMNO, como en las II Vísperas, p. 84.
SALMODIA
Ant. 1. Si alguno declara por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre
declarará por él ante el Padre. (T.P. Aleluya.)
Salmo 117,1-18
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
74
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant. Si alguno declara por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre
declarará por él ante el Padre. (T.P. Aleluya.)
Ant. 2. «El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de
la vida», dice el Señor. (T.P. Aleluya.)
Salmo 117,19-29
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
75
—Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
—Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
—Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
—Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Ant. «El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida», dice el Señor. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo
rebosa nuestro consuelo. (T.P. Aleluya.)
Cántico: Cf. 1P 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca;
cuando lo insultaban,
no devolvía el insulto;
en su pasión no profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga justamente.
76
Cargado con nuestros pecados, subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas nos han curado.
Ant. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo
rebosa nuestro consuelo. (T.P. Aleluya.)
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?,
¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? En
todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy
convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente,
ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá
apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
(Rm 8,35.37-39)
RESPONSORIO BREVE
Para un mártir:
R/. Lo coronaste * De gloria y dignidad, Señor. Lo coronaste.
V/. Le diste el mando sobre las obras de tus manos. * De gloria y dignidad,
Señor. Gloria al Padre. Lo coronaste.
Para una mártir:
R/. El Señor la eligió * Y la predestinó. El Señor.
V/. La hizo morar en su templo santo. * Y la predestinó. Gloria al Padre. El
Señor.
Magníficat, ant.:
Para un mártir: Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor, sin
temer las amenazas de los enemigos; estaba cimentado sobre roca firme.
Para una mártir: Se ciñó la cintura con firmeza y desplegó la fuerza de sus
brazos; por ello, no se apagará nunca su lámpara.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
77
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios de todo poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san N. para
que pudiera soportar el dolor del martirio, concede a los que hoy celebramos
su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección
amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Padre todopoderoso, que concediste al mártir san N. pelear el combate de
la fe hasta derramar su sangre, te rogamos que su intercesión nos ayude a
soportar por tu amor la adversidad, y a caminar con valentía hacia ti, fuente
de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
***
78
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Por haber seguido el ejemplo de mi paciencia, yo te preservaré en la hora
de prueba que va a llegar para el mundo entero, y que pondrá a prueba a los
habitantes de la tierra. Llego en seguida; mantén lo que tienes, para que nadie
te quite tu corona. Al que salga vencedor lo haré columna del santuario de mi
Dios, y ya no saldrá nunca de él; grabaré en él el nombre de mi Dios, el
nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo de junto
a mi Dios, y mi nombre nuevo. (Ap 3,10-12)
RESPONSORIO BREVE
R/. Santos y justos, alegraos en el Señor. * Aleluya, aleluya. Santos y justos.
V/. Dios se os escogió como heredad. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre.
Santos y justos.
Magníficat, ant.: Una luz perpetua brillará para tus santos, Señor, y vivirán
para siempre. Aleluya.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
79
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al glorificar con el
triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos, que así como a él le
diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de Cristo, alcancemos
nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san N., fiel imitador de la
pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Invitatorio
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. (T.P. Aleluya.)
Laudes
HIMNO
«Quien entrega su vida por amor
la gana para siempre»,
dice el Señor.
Aquí el bautismo proclama
su voz de gloria y de muerte.
Aquí la unción se hace fuerte
contra el cuchillo y la llama.
Mirad como se derrama
mi sangre por cada herida.
Si Cristo fue mi comida,
dejadme ser pan y vino
en el lagar y el molino
donde me arrancan la vida. Amén.
80
Ant. 1. Te alabarán mis labios, Señor, porque tu gracia vale más que la vida.
(T.P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Mártires del Señor, bendecid al Señor por los siglos. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. «Al vencedor lo pondré de columna en mi santuario», dice el Señor.
(T.P. Aleluya.)
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordia y Dios de consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el
punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo
con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo
rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.
(2Co 1,3-5)
RESPONSORIO BREVE
R/. El Señor es mi fuerza * Y mi energía. El Señor.
V/. Él es mi salvación. * Y mi energía. Gloria al Padre. El Señor.
Benedictus, ant.: El que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará
para la vida eterna.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al
recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de
Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida
como testimonio de la fe,
—concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar
su sangre,
— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus
pasos,
— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
81
Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre
del Cordero,
— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios de todo poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san N. para
que pudiera soportar el dolor del martirio, concede a los que hoy celebramos
su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección
amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Padre todopoderoso, que concediste al mártir san N. pelear el combate de
la fe hasta derramar su sangre, te rogamos que su intercesión nos ayude a
soportar por tu amor la adversidad, y a caminar con valentía hacia ti, fuente
de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
***
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y
sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence
al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de
Dios? (1Jn 5,3-5)
82
RESPONSORIO BREVE
R/. La alegría eterna coronará a los santos. * Aleluya, aleluya. La alegría.
V/. Vivirán en el gozo y en la exultación. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. La
alegría.
Benedictus, ant.: Estad alegres y contentos, santos de Dios, porque vuestra
recompensa es grande en el cielo. Aleluya.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al
recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de
Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida
como testimonio de la fe,
—concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar
su sangre,
— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus
pasos,
— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre
del Cordero,
— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al glorificar con el
triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos, que así como a él le
diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de Cristo, alcancemos
nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san N., fiel imitador de la
pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.
83
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Hora intermedia
Tercia
Ant. El Señor les dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la
sabiduría es más fuerte que nada. (T.P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado
en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá.
Suyo es el poder por los siglos. Amén. (1P 5,10-11)
Tiempo pascual:
No temas nada de lo que vas a sufrir, porque el diablo va a meter a
algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba; tus apuros durarán
diez días. Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida. (Ap 2,10)
V/. El Señor lo (la) revistió con un manto de gloria. (T.P. Aleluya.)
R/. Y puso sobre su cabeza la corona de vencedor. (T.P. Aleluya.)
Sexta
Ant. El Señor lo (la) coronó con una diadema de justicia y le dio un nombre de
gloria. (T.P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado,
recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.
(St 1,12)
84
Tiempo pascual:
Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que
yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. (Ap 3,21)
V/. En Dios confío y no temo. (T.P. Aleluya.)
R/. ¿Qué podrá hacerme un mortal? (T.P. Aleluya.)
Nona
Ant. Al ir, iban llorando, llevando la semilla. (T.P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz.
(Sb 3,1-2a.3b)
Tiempo pascual:
Con alegría y regocijo, demos gloria a Dios, porque han llegado las bodas
del Cordero. Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.
(Ap 19,7.9)
V/. Al volver, vuelven cantando. (T.P. Aleluya.)
R/. Trayendo sus gavillas. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.
II Vísperas
HIMNO
Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.
Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.
Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.
85
Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos has dado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y
se venga conmigo. (T.P. Aleluya.)
Salmo 114,1-9
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.
Ant. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y
se venga conmigo. (T.P. Aleluya.)
Ant. 2. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará. (T.P. Aleluya.)
Salmo 115,10-19
Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»
86
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre. (T.P. Aleluya.)
Cántico Ap 4,11;5,9.10.12
Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.
Ant. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre. (T.P. Aleluya.)
87
Fuera del tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de
Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os
ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, por que el Espíritu de la
gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. (1P 4, 13-14)
RESPONSORIO BREVE
R/. Oh Dios, nos pusiste a prueba, * Pero nos has dado respiro. Oh Dios.
V/. Nos refinaste como refinan la plata. * Pero nos has dado respiro. Gloria al
Padre. Oh Dios.
Magníficat, ant.: Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han
encontrado descanso eterno.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
88
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Dios de todo poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san N. para
que pudiera soportar el dolor del martirio, concede a los que hoy celebramos
su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección
amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Padre todopoderoso, que concediste al mártir san N. pelear el combate de
la fe hasta derramar su sangre, te rogamos que su intercesión nos ayude a
soportar por tu amor la adversidad, y a caminar con valentía hacia ti, fuente
de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
***
Tiempo pascual:
LECTURA BREVE
Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado
sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios,
dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará
entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el
bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los
conducirá hacia las fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de
sus ojos. (Ap 7,14-17)
RESPONSORIO BREVE
R/. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. * Aleluya, aleluya.
Resplandecerán.
V/. Y se alegrarán los rectos de corazón. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre.
Resplandecerán.
89
Magníficat, ant.: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda
infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Aleluya.
PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última
cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de
todo martirio:
Te glorificamos, Señor.
Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu
reino:
Te glorificamos, Señor.
Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y
eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor.
Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que
ahora termina:
Te glorificamos, Señor.
Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.
Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al glorificar con el
triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos, que así como a él le
diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de Cristo, alcancemos
nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san N., fiel imitador de la
pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.
90
Para una virgen mártir:
Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa
N., concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con
el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir:
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad;
por esto te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N.
nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio.
Por nuestro Señor Jesucristo.



Oficio Divino: Tiempo de Pascua. Ciclo B. 03 de junio, 2012
VIERNES DE LA SEMANA VIII
Del Común de un mártir - Salterio IV




 

San Isaac fue un monje y mártir español nacido en Córdoba, de padres nobles. Considerado uno de los 48 Mártires de Córdoba.
Educado en la religión católica, hizo grandes progresos en las ciencias humanas y divinas. Instruido en la lengua árabe en el manejo público, desempeñó el cargo de síndico general. Renunciando luego a todas las grandezas y prosperidades mundanas, se retiró a servir a Dios en el monasterio de Tabana, a dos leguas de Córdoba. A los tres años de estar en el convento, hubo una cruel persecución de cristianos en la que por sostener la fe católica fue colgado por los pies y quemado vivo el 3 de junio de 851. Se celebra su fiesta dicho día.


 
(OFICIO DE LECTURA (6:00); LAUDES (7:00); TERCIA (9:00); SEXTA (12:00); NONA (15:00); VISPERAS (19:00); COMPLETAS (22:00)
 
(Dar Ctrl + Click, sobre la hora correspondiente, o ir directamente a la hora en el cuerpo del texto)
 

 
OFICIO DE LECTURA

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labiosR. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. Aleluya.

Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: TESTIGOS DE AMOR
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires santos.

Rosales en flor
de Cristo el olor,
mártires santos.

Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires santos.

Corona inmortal
del Cristo total,
mártires santos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Salmo 54, 2-15. 17-24 I - ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN AMIGO
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,
los gritos del malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.

Se estremece mi corazón,
me sobrecoge un pavor mortal,
me asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Ant. 2. El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Salmo 54, 2-15. 17-24 II
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre las murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella, calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.

Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario se alzase contra mí,
me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Ant. 3. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
Salmo 54, 2-15. 17-24 III
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
Por la tarde, en la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que me hacen,
porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla
el que reina desde siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son más suaves que el aceite,
pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás
que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo confío en ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.R. Presta oído a mi inteligencia.
PRIMERA LECTURA
De la segunda carta a los Corintios 11, 30--12, 13

EL APÓSTOL SE GLORIA DE SU DEBILIDAD

Hermanos: Si es preciso gloriarse, me gloriaré de mi debilidad. El Dios y Padre de Jesús, el Señor -que sea bendito por siempre jamás-, sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Aretas había puesto guardia en la ciudad con el propósito de apoderarse de mí; yo tuve que ser descolgado por una ventana muralla abajo, metido en una espuerta. Así escapé de sus manos.

¿Continuaré gloriándome? En verdad no hay por qué; pero voy a recurrir a las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un hombre que vive en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado al tercer cielo (no sabría decir si en su cuerpo o fuera de su cuerpo, Dios lo sabe); y puedo decir que este hombre fue arrebatado al paraíso (si en su cuerpo o fuera de su cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe) y oyó cosas inefables, que a un hombre no le es permitido proferir. De este hombre sí me gloriaré; pero de lo que soy por mí mismo, sólo me gloriaré de mis debilidades. Que si yo realmente pretendiera vanagloriarme, no haría el fatuo, porque diría la verdad. Pero me abstengo, para que nadie forme de mí un concepto superior a lo que en mí ve, o a lo que de mí oye hablar.

Y para que no me enorgullezca por la sublimidad de esas revelaciones, me ha sido dada una espina en mi cuerpo, un emisario de Satanás, para que me abofetee a fin de que no me envanezca. Tres veces pedí al Señor que lo alejase de mí, pero él me dijo: «Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.» Así que muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me he hecho el fatuo. Vosotros me habéis obligado.

Yo necesitaba que vosotros mismos me acreditaseis una y otra vez, pues, aunque no soy nada, en ninguna cosa he sido inferior a esos «superapóstoles». Y de veras que manifesté entre vosotros las señales de un apóstol verdadero: una paciencia probada en todos los sufrimientos, signos, prodigios y milagros. ¿Qué cosa habéis tenido de menos que las otras Iglesias, si no es la de no haber sido yo una carga para vosotros? ¡Perdonadme este agravio!
RESPONSORIO Cf. 2Co 12, 9; 4, 7
R. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo, * pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.V. Llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca evidente que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios.R. Pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.
SEGUNDA LECTURA
De las Actas del martirio de los santos Justino y compañeros
(Cap. 1-5: cf. PG 6, 1566-1571)

HE ABRAZADO LAS VERDADERAS ENSEÑANZAS DE LOS CRISTIANOS

Aquellos santos varones, una vez apresados, fueron conducidos al prefecto de Roma, que se llamaba Rústico. Cuando estuvieron ante el tribunal, el prefecto Rústico dijo a Justino:
«Antes que nada, profesa tu fe en los dioses y obedece a los emperadores.»
Justino respondió:
«No es motivo de acusación ni de detención el hecho de obedecer a los mandamientos de nuestro Salvador Jesucristo.»
Rústico dijo:
«¿Cuáles son las enseñanzas que profesas?»
Respondió Justino:
«Yo me he esforzado en conocer toda clase de enseñanzas, pero he abrazado las verdaderas enseñanzas de los cristianos, aunque no sean aprobadas por los que viven en el error.»
El prefecto Rústico dijo:
«¿Y tú las apruebas, miserable?»
Respondió Justino:
«Así es, ya que las sigo según sus rectos principios.»
Dijo el prefecto Rústico:
«¿Y cuáles son estos principios?»
Justino respondió:
«Que damos culto al Dios de los cristianos, al que consideramos como el único creador desde el principio y artífice de toda la creación, de todo lo visible y lo invisible, y al Señor Jesucristo, de quien anunciaron los profetas que vendría como mensajero de salvación al género humano y maestro de insignes discípulos. Y yo, que no soy más que un mero hombre, sé que mis palabras están muy por debajo de su divinidad infinita, pero admito el valor de las profecías que atestiguan que éste, al que acabo de referirme, es el Hijo de Dios. Porque sé que los profetas hablaban por inspiración divina al vaticinar su venida a los hombres.»
Rústico dijo:
«Luego, ¿eres cristiano?»
Justino respondió:
«Así es, soy cristiano.»
El prefecto dijo a Justino:
«Escucha, tú que eres tenido por sabio y crees estar en posesión de la verdad: si eres flagelado y decapit ¿estás persuadido de que subirás al cielo?»
Justino respondió:
«Espero vivir en la casa del Señor, si sufro tales cosas, pues sé que, a todos los que hayan vivido rectamente, les está reservado el don de Dios para el fin del mundo.»
El prefecto Rústico dijo:
«Tú, pues, supones que has de subir al cielo, para recibir un cierto premio merecido.»
Justino respondió:
«No lo supongo, lo sé con certeza.»
El prefecto Rústico dijo:
«Dejemos esto y vayamos a la cuestión que ahora interesa y urge. Poneos de acuerdo y sacrificad a los dioses.»
Justino dijo:
«Nadie que piense rectamente abandonará la piedad para caer en la impiedad.»
El prefecto Rústico dijo:
«Si no hacéis lo que se os manda, seréis atormentados sin piedad.»
Justino respondió:
«Nuestro deseo es llegar a la salvación a través de los tormentos sufridos por causa de nuestro Señor Jesucristo, ya que ello será para nosotros motivo de salvación y de confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más temible que éste.»
Los otros mártires dijeron asimismo:
«Haz lo que quieras; somos cristianos y no sacrificamos a los ídolos.»
El prefecto Rústico pronunció la sentencia, diciendo:
«Por haberse negado a sacrificar a los dioses y a obedecer las órdenes del emperador, serán flagelados y de-capitados en castigo de su delito y a tenor de lo establecido por la ley.»
Los santos mártires salieron, glorificando a Dios, hacia el lugar acostumbrado y allí fueron decapitados, coronando así el testimonio de su fe en el Salvador.
RESPONSORIO Cf. Hch 20, 20. 21. 24; Rm 1, 16
R. No he ahorrado medio alguno al insistiros a creer en nuestro Señor Jesús; * a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Aleluya.V. No me avergüenzo del Evangelio; es, en verdad, poder de Dios para salvación de todo el que crea, primero de los judíos y luego de los gentiles.R. A mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Aleluya.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios nuestro, que enseñaste a san Justino a descubrir en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por la intercesión de éste mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos siempre firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.




 
LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labiosR. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: PALABRA DEL SEÑOR YA RUBRICADA.
Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir, ofrecida
como prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que en la alegría
de servir al Señor es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos has dado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con Espíritu firme.
Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con Espíritu firme.
Ant. 2. Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Cántico: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO - Tb 13, 10-15. 17-19
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te azotará,
pero de nuevo se compadecerá
de los hijos de los justos.

Confiesa dignamente al Señor
y bendice al Rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.

Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nombre del Señor, nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del cielo.

Las generaciones de las generaciones
exultarán en ti.
Y benditos para siempre todos los que te aman.

Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.

Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.

Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Ant. 3. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
Salmo 147 - RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
LECTURA BREVE 1 Jn 5, 3-5
En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe; porque, ¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
RESPONSORIO BREVE
V. La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.R. La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.
V. Vivirán en el gozo y la exultación.R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.R. La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Al ofrecer nuestro sacrificio, alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Al ofrecer nuestro sacrificio, alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Aleluya.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,
concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,
concédenos, Señor, la integridad y constancia de la fe.

Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos,
concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero,
concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre los cielos, diciendo:
Padre nuestro...

ORACIÓN

Dios nuestro, que enseñaste a san Justino a descubrir en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por la intercesión de éste mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos siempre firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.R. Amén.

  

 
HORA TERCIA

V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: EL TRABAJO, SEÑOR, DE CADA DÍA
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Llamé, y él me respondió.
Salmo 119 - DESEO DE LA PAZ
En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.

¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
lengua traidora?
Flechas de arquero, afiladas
con ascuas de retama.

¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos dicen: «Guerra».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Llamé, y él me respondió.
Ant. 2. El Señor guarda tus entradas y salidas.
Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor guarda tus entradas y salidas.
Ant. 3. Me he alegrado por lo que me dijeron.
Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Me he alegrado por lo que me dijeron.
LECTURA BREVE Rm 12, 17a. 19b-20a. 21
No devolváis a nadie mal por mal. Dice la Escritura: «Es mía la venganza; mía la recompensa; palabra del Señor.» Pero también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.» No te dejes vencer del mal, sino vence el mal con el bien.
V. La misericordia del Señor dura siempre.R. Su justicia para los que guardan su alianza.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que en la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.
 

 
HORA SEXTA

V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: TE ESTÁ CANTANDO EL MARTILLO
Te está cantando el martillo
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios de esta dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quién diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Salmo 122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Ant. 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Salmo 123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Ant. 3. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
Salmo 124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
LECTURA BREVE 1Jn 3, 6
En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
V. Dad gracias al Señor porque es bueno.R. Porque es eterna su misericordia.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.




 
HORA NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: FUNDAMENTO DE TODO LO QUE EXISTE
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.

Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.

Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.

Siete veces al día te alabo
por tus justos mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.

Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo tus decretos,
y tú tienes presente mis caminos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Ant. 2. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Salmo 132 - FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
Salmo 139, 1-9. 13-14 - TÚ ERES MI REFUGIO
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios.

Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden trampas;
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan lazos.

Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»;
Señor, atiende a mis gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el día de la batalla.

Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus proyectos.

Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán en tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
LECTURA BREVE 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
V. Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo.R. Mira el rostro de tu Ungido.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.




 
HORA NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: FUNDAMENTO DE TODO LO QUE EXISTE
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.

Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.

Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.

Siete veces al día te alabo
por tus justos mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.

Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo tus decretos,
y tú tienes presente mis caminos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Ant. 2. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Salmo 132 - FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
Salmo 139, 1-9. 13-14 - TÚ ERES MI REFUGIO
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios.

Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden trampas;
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan lazos.

Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»;
Señor, atiende a mis gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el día de la batalla.

Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus proyectos.

Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán en tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
LECTURA BREVE 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
V. Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo.R. Mira el rostro de tu Ungido.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.




 
HORA NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilioR. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: FUNDAMENTO DE TODO LO QUE EXISTE
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.

Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.

Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.

Siete veces al día te alabo
por tus justos mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.

Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo tus decretos,
y tú tienes presente mis caminos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Ant. 2. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Salmo 132 - FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
Salmo 139, 1-9. 13-14 - TÚ ERES MI REFUGIO
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios.

Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden trampas;
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan lazos.

Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»;
Señor, atiende a mis gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el día de la batalla.

Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus proyectos.

Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán en tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
LECTURA BREVE 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
V. Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo.R. Mira el rostro de tu Ungido.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.R. Demos gracias a Dios.




 
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