sábado, 9 de junio de 2012

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


 Presencia permanente y substancial más
 allá de la celebración de la Misa y que es 
 digna de ser adorada en la exposición solemne
 y en las procesiones con el Santísimo Sacramento


Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246,
 siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el
 Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad
 proclamar la fe en la presencia real de Cristo en la
 Eucaristía. Presencia permanente y substancial más
 allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser
 adorada en la exposición solemne y en las procesiones
 con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a
 celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos
 de la piedad católica. Ocurre, como en la solemnidad de la
 Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una
 ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con 
otros motivos. Este es el día de a Eucaristía en sí misma,
 ocasión para creer y adorar, pero también para conocer
 mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones
 y de los textos bíblicos distribuidos en los tres ciclos de
 lecturas.

En el ciclo A se trata del sacramento del pan, prefigurado
 en el maná del desierto, alimento providencial para el
camino; pan eucarístico único sobre todos los altares, que
 nos hace formar un solo cuerpo en Cristo; pan que es
 presentado por Cristo en el Evangelio con su misma
 carne para la vida del mundo.

En el ciclo B confiesa el valor redentor de la Sangre de 
Cristo, sangre de la nueva alianza que supera y
 hace ya inútil la sangre de los sacrificios que sellaron
 la antigua alianza en tiempos de Moisés. La Carta a los
 Hebreos expone definitivamente la fe cristiana en el
 sacrificio expiatorio y liberador de Cristo, sacerdote y
víctima eternos por medio de su propia sangre.

En el ciclo C prevalece la idea de la Eucaristía o banquete
 mesiánico y de acción de gracias, memorial de la muerte de
 Cristo por su propia institución en la Última Cena, 
compartiendo el pan y el vino que ya fueron designados
 como sacrificio incruento por medio de Melquisedec
 en el A.T. Banquete que Cristo preside y distribuye
 por medio de los apóstoles y sus sucesores en la
 actualidad, como lo anunció de forma concreta en la
 multiplicación de los panes.


CALENDARIO DE ESTA 
SOLEMNIDAD AÑOS 2000-2019


Ciclo A
Primera: Dt 8, 2-3.14b-16a; Salmo 147; Segunda: 
1 Cor 10, 16-17; Evangelio: Jn 6, 51-58

2002 - 2 de junio
2005 - 29 de mayo
2008 - 25 de mayo
2011 - 26 de junio
2014 - 22 de junio
2017 - 18 de junio


Ciclo B
Primera: Gén 14, 18-20; Segunda: 1Cor 11, 23-26; 
Evangelio: Lc 9, 11-17

2000 - 25 de junio
2003 - 22 de junio
2006 - 18 de junio
2009 - 14 de junio
2012 - 10 de junio
2015 - 7 de junio
2018 - 3 de junio


Ciclo C
Primera: Ex. 24, 3-8; Segunda: Heb 9, 11-15;
 Evangelio: Mc 14, 12-16.22-26

2001 - 17 de junio
2004 - 13 de junio
2007 - 10 de junio
2010 - 6 de junio
2013 - 2 de junio
2016 - 29 de mayo
2019 - 23 de junio

Solemnidad,
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Jueves*, después de la Solemnidad Santísima Trinidad
*(Donde esta solemnidad no es precepto, se celebra
el domingo después de la Solemnidad de la Santísima Trinidad)

«Mi carne es verdadera comida,
y mi Sangre verdadera bebida;
el que come mi Carne, y bebe mi Sangre,
en Mí mora, y Yo en él.» 
(Jn 6, 56-57)

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 
1246, siendo extendida a toda la Iglesia
 occidental por el Papa Urbano IV en 1264,
 teniendo como finalidad proclamar la fe en la
 presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
 Presencia permanente y substancial más allá
 de la celebración de la Misa y que es digna de
 ser adorada en la exposición solemne y en las
 procesiones con el Santísimo Sacramento que
 entonces comenzaron a celebrarse y que han
 llegado a ser verdaderos monumentos de la
 piedad católica. Ocurre, como en la solemnidad
 de la Trinidad, que lo que se celebra todos los
 días tiene una ocasión exclusiva para profundizar 
en lo que se hace con otros motivos. Este es el
 día de la eucaristía en sí misma, ocasión para
 creer y adorar, pero también para conocer mejor
 la riqueza de este misterio a partir de las
 oraciones y de los textos bíblicos asignados
 en los tres ciclos de las lecturas.
 El Espíritu Santo después del dogma de la
 Trinidad nos recuerda el de la Encarnación,
 haciéndonos festejar con la Iglesia al 
Sacramento por excelencia, que, sintetizando
 la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria
 infinita, y aplica a las almas, en todos los
 tiempos, los frutos  extraordinarios de la
 Redención.  Si Jesucristo en la cruz nos
 salvó, al instituir la Eucaristía la víspera
de su muerte, quiso en ella dejarnos un
 vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene 
siendo como la prolongación del Calvario,
 y la misa anuncia la muerte del Señor.
 Porque en efecto, allí está Jesús como una
 víctima, pues las palabras de la doble 
consagración nos dicen que primero se
 convierte el pan en Cuerpo de Cristo, 
y luego el vino en Su Sangre, de manera 
que, ofrece a su Padre, en unión con sus
 sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo
 clavado en la Cruz.
 La Hostia santa se convierte en «trigo que
 nutre nuestras almas». Como Cristo al ser
 hecho Hijo de recibió la vida eterna del
 Padre, los cristianos participan de Su eterna
 vida uniéndose a Jesús en el Sacramento,
 que es el símbolo más sublime, real y 
concreto de la unidad con la Víctima del 
Calvario.
 Esta posesión anticipada de la vida divina
 acá en la tierra por medio de la Eucaristía,
 es prenda y comienzo de aquella otra de
 que plenamente disfrutaremos en el Cielo,
 porque «el Pan mismo de los ángeles, que
 ahora comemos bajo los sagrados velos, lo
 conmemoraremos después en el Cielo ya
 sin velos» (Concilio de Trento).
 Veamos en la Santa Misa el centro de
 todo culto de la Iglesia a la Eucaristía,
 y en la Comunión el medio establecido
 por Jesús mismo, para que con mayor
 plenitud participemos de ese divino 
Sacrificio; y así, nuestra devoción al
 Cuerpo y Sangre del Salvador nos 
alcanzará los frutos perennes de su Redención.

Secuencia

Alaba, alma mía, a tu Salvador; alaba a tu guía
 y Pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas, porque 
Él está sobre toda alabanza, y jamás
 podrás alabarle lo bastante.
El tema especial de nuestros loores es 
hoy el Pan vivo y que da Vida.
El cual no dudamos fue dado en la mesa
 de la Sagrada Cena a los doce Apóstoles.
Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,
 sea pura la alabanza de nuestra alma.
Porque celebramos solemnemente el día
 en que este divino Banquete fue instituído.
En esta mesa del nuevo Rey, la Pascua nueva
 de la Nueva Ley pone fin a la Pascua antigua.
Instruídos, con sus santos mandatos,
 consagramos el pan y el vino, que se 
convierten en Hostia de salvación.
Es dogma para los cristianos, que el pan
se convierte en carne, y el vino en sangre.
Lo que no comprendes y no ves, una fe viva
 lo atestigua, fuera de todo el orden de la naturaleza.
Bajo diversas especies, que son accidente
 y no sustancia, están ocultos los dones más preciados.
Su Carne es alimento y Su Sangre bebida; 
mas todo entero está bajo cada especie.
Se recibe íntegro, sin que se le quebrante
 ni divida; recíbese todo entero.
Recíbelo uno, recíbenlo mil; y aquél le toma
 tanto como éstos, pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo los buenos y los malos; pero con
 desigual resultado, pues sirve a unos de
 vida y a otros de condenación y muerte.
Es muerte para los malos, y vida para los
 buenos;  mira cómo un mismo alimento 
produce efectos tan diversos.
Cuando se divide el Sacramento, no vaciles,
 sino recuerda que Jesucristo tan entero está
 en cada parte como antes en el todo.
Ninguna partición hay en la sustancia, tan
 sólo hay partición de los accidentes, sin que 
se disminuya ni el estado, ni la estatura del que
 está representado.
He aquí el Pan de los Ángeles, hecho alimento
 de viandantes; es verdaderamente el Pan de
 los hijos, que no debe ser echado a los perros.
 Estuvo ya representado por las figuras de la
 antigua Ley, en la inmolación de Isaac, en el
 sacrificio del Cordero Pascual, y en el Maná
 dado a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero, ¡oh Jesús!
 apiádate de nosotros. Apaciéntanos y 
protégenos; haz que veamos los bienes
 en la tierra de los vivientes.
 Tú, que todo los sabes y puedes, que nos
 apacientas aquí cuando somos aún mortales,
 haznos allí tus comensales, coherederos y
 compañeros de los santos ciudadanos del Cielo.
 Amén. Aleluya.
Procesión del Corpus Christi
 
Las procesiones son a modo de públicas manifestaciones de fe;
y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias. 
 Pero la más solemne de todas las procesiones es la de Corpus
 Christi. En ella se cantan himnos sagrados y eucarísticos de
 Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y de la Eucaristía
 Algunos de los himnos utilizados tradicionalmente son:
Pange lengua;  Sacris solemniis;  Verbum supérnum;

 Te Deum, al terminar la procesión;  y, Tantum ergo, al 
volver de la procesión,  en torno del altar para finalizar.

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